La maternidad reduce pensiones de mujeres en México
Factores clave de pensión en México
- En México, la pensión (sobre todo bajo Ley 1997) depende de tres palancas muy concretas: continuidad en empleo formal, semanas cotizadas y salario base de cotización. Cuando alguna falla —por pausas, cambios a informalidad o reducción de jornada— el saldo acumulado tiende a crecer más lento.
- Los datos citados en este texto (principalmente 2025–2026) apuntan a dos “aceleradores” de la brecha: interrupciones por maternidad/cuidados y salida a la informalidad. Por ejemplo, IMCO reporta 58% de madres trabajadoras en informalidad y una carga de cuidados de 35 horas semanales en mujeres vs 15 en hombres.
- Lectura rápida: en Ley 73 el cálculo se apoya en reglas de beneficio definido; en Ley 97 la lógica es de cuenta individual (“te retiras con lo que juntaste”). Por eso, los huecos de cotización suelen sentirse más en el monto final bajo Ley 97.
- La maternidad suele interrumpir la carrera laboral formal y eso recorta semanas cotizadas (tiempo registrado con aportaciones a la seguridad social) y aportaciones a la Afore (la cuenta individual de ahorro para el retiro).
- En Ley 97 (cuenta individual), “te vas a retirar con lo que tengas”: los huecos de cotización se traducen en menos saldo.
- Muchas madres migran a la informalidad por flexibilidad: 58% de las madres trabajadoras está en ese sector, según IMCO.
- La carga de cuidados (35 horas semanales no remuneradas en mujeres vs 15 en hombres) empuja la brecha previsional.
Impacto de la maternidad en el cálculo de pensiones
En México, la maternidad no solo cambia rutinas y prioridades: también altera la trayectoria laboral que sostiene el ahorro para el retiro. Y en un sistema donde la pensión depende de semanas cotizadas, salario base y continuidad, cualquier interrupción pesa.
Guillermo Mendieta, contador especialista del Colegio de Contadores Públicos de México, lo resume así: la interrupción por maternidad impacta directamente el cálculo final de la pensión. El mecanismo es sencillo: menos tiempo en empleo formal implica menos semanas cotizadas y, por tanto, menos aportaciones a la cuenta individual o más dificultad para cumplir requisitos mínimos.
Impacto en tu pensión futura
1) Se corta (o baja) la cotización: durante una pausa laboral o un cambio a informalidad, dejan de registrarse aportaciones obligatorias.
- Checkpoint: revisa en tu Afore/IMSS si ese periodo aparece con aportaciones o como “hueco”.
2) Bajan las semanas cotizadas acumuladas: si el régimen exige un mínimo, el hueco puede empujar a trabajar más tiempo para alcanzarlo.
- Checkpoint: identifica si tu objetivo es “cumplir semanas” o “subir saldo” (no siempre es lo mismo).
3) Se reduce el dinero que entra a la cuenta: menos meses aportando = menos saldo; y si además el salario base baja (por cambio de puesto/jornada), la aportación mensual también baja.
- Checkpoint: compara tu salario base de cotización antes y después de la maternidad (o del cambio de empleo).
4) Se pierde el efecto compuesto: el dinero que no entró tampoco genera rendimientos dentro de la cuenta individual.
- Checkpoint: si anticipas una pausa, calcula si puedes sostener aportaciones (aunque sean pequeñas) para no “apagar” el crecimiento.
5) Resultado al final de la vida laboral: o aceptas un monto menor, o compensas con más semanas/tiempo de trabajo, según Ley 73 o 97.
Al final de la vida laboral, la mujer puede enfrentar dos escenarios: aceptar un monto menor o trabajar más semanas para alcanzar el mínimo legal. Esto varía según el régimen: Ley 1973 (beneficio definido) o Ley 1997 (contribución definida). En la práctica, la maternidad puede empujar a muchas mujeres a salir del empleo formal para buscar flexibilidad, y esa decisión —a veces inevitable— se convierte en un “bache” previsional.
Incluso cuando la maternidad ocurre dentro de la formalidad, hay fricciones. Una trabajadora relató que durante los 84 días naturales de incapacidad por maternidad su empresa no le depositó; el IMSS le pagó con base en el subsidio. Además, dejó de recibir prestaciones adicionales que su empleador otorgaba por encima de la ley, como vales de despensa. Es decir: el ingreso puede sostenerse por el subsidio, pero el paquete total de compensación puede reducirse, y con ello la capacidad de ahorro complementario.
En Ley 97, la lógica es todavía más directa: si no aportas, tu pensión se ajusta a la baja.
Desigualdades en el sistema de pensiones para mujeres
La brecha en pensiones no nace en el momento del retiro: se construye durante décadas. El sistema Afore está atado al empleo formal, y ahí las mujeres llegan con desventajas acumuladas: menor participación formal, salarios más bajos y trayectorias laborales más intermitentes, especialmente cuando hay hijos.
En el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR, el esquema que concentra las cuentas individuales administradas por Afores) hay millones de cuentas, pero la distribución por género refleja el mercado laboral. A abril de 2026 se reportan alrededor de 69.7 millones de cuentas; 25.7 millones pertenecen a mujeres y 34.3 millones a hombres (Afore XXI Banorte, 2026). Tener cuenta no garantiza una buena pensión: lo determinante es cuánto entra y por cuánto tiempo.
Los saldos promedio también muestran la distancia, según las fuentes citadas en esta misma sección. Diversas fuentes citadas en la investigación (El Economista, 2025; Afore SURA, 2025) ubican el balance promedio de las mujeres entre 24% y 29% por debajo del de los hombres (por ejemplo, 96,000 pesos vs 124,000 pesos en promedios reportados). Esa diferencia no es un detalle: en un esquema de cuenta individual, el saldo es el “motor” del ingreso en el retiro.
A esto se suma un factor incómodo: las mujeres viven más. Afore SURA (2025) refiere que, en promedio, viven cinco años más que los hombres. Traducido al retiro: necesitan que el dinero dure más tiempo. Si el saldo es menor y el periodo de retiro es más largo, la presión sobre el monto mensual aumenta.
Y hay otra capa: la “penalización por maternidad” en ingresos. Se ha documentado una brecha salarial de 14% en promedio y que se amplía a 22% para madres (El Economista, 2025; Afore SURA, 2025). Menor salario implica menor base de aportación y menor capacidad de ahorro voluntario.
Tabla: Indicadores citados sobre brecha de género en Afore y retiro (fuentes 2025–2026)
| Indicador | Mujeres | Hombres | Fuente citada |
|---|---|---|---|
| Cuentas SAR (abril 2026) | 25.7 millones | 34.3 millones | Afore XXI Banorte (2026) |
| Saldo promedio Afore | 96,000 MXN | 124,000 MXN | El Economista (2025) |
| Participación en economía formal | 46.4% | 75.3% | Merca2.0 (2026) |
| Esperanza de vida (aprox.) | 78 años | 73 años | Afore SURA (2025) |
Efectos de la informalidad en la cotización de las madres trabajadoras
La informalidad es el gran “apagón” de las cotizaciones. Cuando una trabajadora sale del empleo formal, deja de aportar de manera obligatoria a su Afore y, con ello, se rompe la continuidad que hace crecer el saldo a lo largo del tiempo. Para muchas madres, esa salida no es una preferencia ideológica: es una respuesta a la falta de flexibilidad y a la carga de cuidados.
Maternidad y brecha previsional
- 58% de las madres trabajadoras está en la informalidad (IMCO). En términos previsionales, eso suele significar sin aportaciones obligatorias y con menor acceso a prestaciones.
- Entre las mujeres que desean trabajar, 72% son madres (IMCO). Esto sugiere que cualquier política o práctica laboral que no contemple cuidados impacta a la mayoría de las buscadoras de empleo.
- Implicación práctica: si el sistema está diseñado para acumular con aportaciones constantes desde la formalidad, una proporción grande de madres queda fuera del “carril principal” de acumulación.
El IMCO aporta un dato clave: 58% de las madres trabajadoras se encuentra en la informalidad, una proporción superior a la de mujeres sin hijos. Si el sistema de pensiones está diseñado para funcionar con aportaciones constantes desde el empleo formal, ese 58% está, en términos prácticos, fuera del carril principal de acumulación.
Además, el IMCO señala que incluso entre las mujeres que desean trabajar, 72% son madres. El dato importa porque muestra que la maternidad no es un “caso marginal”: es la condición mayoritaria entre quienes buscan empleo. Si el mercado laboral formal no absorbe a esas mujeres con esquemas compatibles con cuidados, el resultado es predecible: menos seguridad social y menos ahorro para el retiro.
En Ley 97 (contribución definida), Emilio Beltrán lo plantea sin rodeos: “te vas a retirar con lo que tengas”. En otras palabras, no hay un “rescate” automático del Estado para compensar años sin aportaciones. Si una parte relevante de la vida laboral transcurre sin cotizar, la brecha se amplía.
Incluso cuando la cuenta Afore existe, la informalidad reduce la “densidad de cotización” (la proporción de la vida laboral en la que efectivamente hay aportaciones registradas). Afore SURA (2025) reporta que la densidad de contribuciones de las mujeres es 7.3% menor que la de los hombres, asociada a interrupciones por maternidad y cuidados. Ese porcentaje, acumulado por años, se convierte en menos pensión.
La informalidad también suele implicar ausencia de prestaciones, lo que limita el ahorro voluntario. Sin estabilidad de ingresos, ahorrar para el retiro compite contra gastos inmediatos: alimentación, vivienda, escuela y cuidados.
Ahorro obligatorio y su repercusión en las pensiones
Una parte central del debate es entender qué tanto del ahorro para el retiro depende del trabajador y qué tanto del patrón. En el sistema Afore, el ahorro obligatorio se compone de aportaciones del trabajador, del empleador y del Estado (según el caso). Y aquí hay un punto que suele sorprender: gran parte de lo que llega a la Afore viene del patrón.
José Luis Romero, CEO de Kuppra, explicó que para 2026 el ahorro obligatorio representará 10.638% del sueldo. De ese total, el trabajador aporta 1.115% y el resto lo absorbe el patrón. Además, desde 2023 la aportación patronal ha venido subiendo de forma progresiva, con la meta de llegar al 15% en 2030.
| Componente del ahorro obligatorio (referencia 2026) | Porcentaje del sueldo | Qué significa en la práctica |
|---|---|---|
| Aportación de la trabajadora | 1.115% | Es la parte visible en nómina; si sales de formalidad, también se detiene. |
| Aportación del patrón (principal) | Resto hasta 10.638% | Es la porción más grande; al perder formalidad, se pierde “lo pesado” del ahorro. |
| Total ahorro obligatorio (2026) | 10.638% | La continuidad en formalidad sostiene este flujo; los huecos lo cortan. |
| Meta de aportación patronal | 15% en 2030 | Incremento progresivo desde 2023; el impacto depende de permanecer en formalidad. |
¿Por qué esto es crucial para madres trabajadoras? Porque cuando una mujer sale del empleo formal —aunque sea por periodos— no solo deja de aportar su 1.115%: también pierde el componente más grande, el patronal. Es decir, la interrupción no recorta “un poquito”; recorta la porción principal del ahorro obligatorio.
En Ley 97, donde el retiro depende del saldo acumulado, perder aportaciones patronales durante meses o años tiene un efecto compuesto: menos dinero entra y, además, ese dinero deja de generar rendimientos dentro de la cuenta individual. La cuenta puede seguir existiendo, pero el crecimiento se desacelera.
En Ley 73, el diseño histórico era distinto: el esquema era de beneficio definido y el Estado asumía el faltante. Esa diferencia de arquitectura explica por qué hoy el impacto de las interrupciones se siente más en el bolsillo individual: la responsabilidad del monto final recae en la cuenta.
La maternidad, entonces, no “reduce la pensión” por un castigo explícito, sino por la forma en que el sistema premia la continuidad formal. Cuando el mercado laboral no ofrece condiciones para sostener esa continuidad, el ahorro obligatorio —que debería ser un piso— se vuelve un privilegio intermitente.
Trabajo no remunerado y su influencia en el empleo formal
El trabajo no remunerado es el gran invisible del sistema previsional. No aparece en recibos de nómina, no genera semanas cotizadas y no alimenta una Afore. Pero consume tiempo, energía y oportunidades laborales. Y en México, esa carga está desbalanceada.
De acuerdo con el IMCO, las mujeres dedican en promedio 35 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 15 horas de los hombres. La diferencia no es menor: son 20 horas semanales adicionales que, en la práctica, limitan disponibilidad para jornadas completas, traslados largos o empleos con horarios rígidos.
Cuidados hoy, pensión mañana
Cadena causa → efecto (cómo los cuidados terminan pegando en la pensión):
1) Más horas de cuidados no remunerados → 2) Menos disponibilidad (horarios, traslados, turnos) → 3) Mayor probabilidad de elegir empleo flexible (a veces informal) o pausar carrera → 4) Menos semanas y menor densidad de cotización → 5) Menos aportaciones (incluida la patronal) → 6) Menor saldo acumulado → 7) Pensión más baja (y con más años por cubrir si la esperanza de vida es mayor).
Punto clave: el “problema previsional” no empieza en la Afore; empieza en cómo se organiza el tiempo de cuidados.
Ese tiempo se traduce en decisiones laborales concretas: aceptar trabajos de medio tiempo, buscar esquemas “por honorarios”, emprender en pequeño o entrar a ocupaciones informales que permitan atender cuidados. El problema es que esa flexibilidad suele venir sin seguridad social. Y sin seguridad social, no hay aportaciones obligatorias a la Afore.
Aquí se forma un círculo: más cuidados implican menos formalidad; menos formalidad implica menos ahorro; menos ahorro implica pensiones más bajas; pensiones más bajas implican mayor dependencia familiar en la vejez, lo que a su vez puede reforzar la expectativa de que las mujeres “cuiden” a otros.
Además, el trabajo no remunerado no se limita a la crianza. Incluye cuidados de personas mayores, enfermas y tareas domésticas. En términos previsionales, cada etapa de cuidados intensivos puede significar meses o años con aportaciones reducidas o nulas.
En el debate público se suele hablar de “decisiones personales”, pero los datos del IMCO apuntan a una estructura: la maternidad y los cuidados siguen recayendo principalmente sobre ellas. Mientras esa distribución no cambie —o no se compense— el sistema Afore seguirá reflejando esa desigualdad en forma de saldos menores.
“La carga de cuidados sigue recayendo principalmente sobre ellas.”
IMCO (citado en la investigación base)
Barreras laborales para las madres en el mercado formal
La maternidad opera como una barrera de permanencia en el empleo formal, no solo de entrada. El dato del IMCO de que 72% de las mujeres que desean trabajar son madres ayuda a dimensionar el tamaño del reto: el mercado laboral mexicano está intentando incorporar —o retener— a una fuerza laboral mayoritariamente materna.
Las barreras se manifiestan en varios niveles. Primero, la rigidez de horarios y la falta de flexibilidad empujan a buscar alternativas. Segundo, la pérdida de prestaciones durante periodos de incapacidad o ajustes laborales puede reducir el ingreso disponible. El testimonio recogido por Expansión ilustra un punto sensible: durante los 84 días naturales de incapacidad, el pago provino del IMSS vía subsidio, y además se dejaron de recibir prestaciones adicionales del empleador, como vales de despensa. Aunque el subsidio protege el ingreso base, el total puede caer.
Tercero, la informalidad aparece como válvula de escape. Si 58% de las madres trabajadoras está en la informalidad (IMCO), no es solo por preferencia: es señal de que el empleo formal no está ofreciendo condiciones compatibles con la realidad de cuidados.
Flexibilidad Hoy, Pensión Mañana
Decisiones reales (y sus costos previsionales típicos):
- Más flexibilidad hoy (horarios cortos, por proyecto, informalidad) ↔ Menos prestaciones y cotización (se corta la aportación patronal y baja la densidad de cotización).
- Mantener formalidad (seguridad social, aportaciones constantes) ↔ Menos margen de tiempo si no hay red de cuidados (guardería, apoyo familiar, servicios accesibles).
- Cambiar a un empleo formal “más flexible” (si existe) ↔ A veces implica bajar salario base o aceptar un puesto con menor crecimiento; eso también reduce aportaciones.
Idea central: no es “elegir mal”; es elegir dentro de restricciones. El sistema premia continuidad, pero el mercado no siempre ofrece continuidad compatible con cuidados.
En términos de pensión, estas barreras se convierten en discontinuidad de cotización. Y la discontinuidad tiene dos costos: el inmediato (menos aportaciones) y el de largo plazo (menos saldo acumulado y menos rendimientos sobre ese saldo).
También hay un componente de desigualdad salarial. Las fuentes citadas (El Economista, 2025; Afore SURA, 2025) señalan que la brecha salarial se amplía para madres. Si una madre gana menos, aporta menos; si además cotiza menos tiempo, el efecto se multiplica.
En resumen: el mercado formal no solo define el ingreso presente; define el retiro futuro. Y hoy, para muchas madres, ese mercado sigue siendo un terreno con obstáculos.
Propuestas para mejorar la situación de las mujeres trabajadoras
Si el diagnóstico es estructural, las soluciones también deben serlo. En la discusión pública y en análisis citados, aparecen cuatro líneas de acción que se refuerzan entre sí: reconocer cuidados, facilitar aportaciones, fortalecer el sistema de cuidados y elevar educación financiera.
Acciones clave para cotizar mejor
- Si eres trabajadora/madre (acciones personales de alto impacto):
- Verifica tu densidad de cotización: identifica meses/años con “huecos” y decide si los compensarás con más tiempo de trabajo o con ahorro.
- Revisa tu salario base de cotización tras cambios de empleo/jornada (es la base de tus aportaciones).
- Si anticipas una pausa, explora si puedes sostener aportaciones voluntarias (aunque sean pequeñas) para no cortar el crecimiento del saldo.
- Si eres empleador/a o líder de equipo (palancas organizacionales):
- Diseña esquemas de flexibilidad con formalidad (horarios escalonados, híbrido, banco de horas) para evitar que la flexibilidad empuje a informalidad.
- Cuida el “paquete total” en maternidad (cuando aplique): prestaciones adicionales pueden ser la diferencia entre sostener o no el ahorro complementario.
- Si diseñas política pública (líneas que aparecen en el debate):
- Implementar créditos de cuidado (semanas de cotización o equivalentes) para periodos de maternidad/cuidados (POSTA México, 2026).
- Evaluar bonos de maternidad o de cuidado para compensar aportaciones perdidas (El Economista, 2025).
- Fortalecer un sistema nacional de cuidados para sostener la formalidad y la continuidad de aportaciones.
1) Reconocer el trabajo de cuidados en el cálculo previsional. Se ha propuesto otorgar “créditos de cuidado”: semanas de cotización adicionales o mecanismos equivalentes para periodos dedicados a maternidad y cuidados (POSTA México, 2026). También se mencionan “bonos de maternidad o de cuidado” para compensar aportaciones perdidas (El Economista, 2025). La lógica es clara: si el sistema premia la continuidad formal, debe evitar castigar de forma permanente una función social indispensable.
2) Expandir y hacer accesibles las aportaciones voluntarias. Las aportaciones voluntarias pueden ayudar a cubrir huecos cuando hay pausas laborales, pero requieren capacidad de pago. Por eso, más que “recomendar” ahorrar, el reto es diseñar incentivos y mecanismos que lo vuelvan viable para más mujeres, no solo para quienes tienen margen financiero (Afore XXI Banorte, 2026; IPADE, 2025).
3) Fortalecer un sistema nacional de cuidados. El Economista (2025) y otros análisis apuntan a que servicios de cuidado asequibles (infancias, personas mayores) permitirían sostener la formalidad y, con ello, la continuidad de aportaciones. Si la informalidad es la salida por falta de cuidados, la política de cuidados es política previsional.
4) Educación financiera enfocada en retiro. POSTA México (2026) subraya la necesidad de educación financiera y difusión: muchas mujeres posponen el retiro por gastos inmediatos o falta de información. En nuestra experiencia, entender conceptos básicos —semanas cotizadas, salario base de cotización, densidad de aportación— cambia decisiones laborales y de ahorro.
Estas propuestas no eliminan el costo de la maternidad, pero sí pueden evitar que se convierta en una condena previsional.
Reflexiones finales sobre maternidad y pensiones en México
La maternidad no debería empobrecer el retiro. Pero hoy, en un sistema atado a la formalidad y a la continuidad de aportaciones, tener hijos suele traducirse en interrupciones, informalidad y menor saldo en la Afore. Los datos del IMCO sobre informalidad y trabajo no remunerado, y las brechas de saldo y pensión reportadas por distintas fuentes, apuntan a un mismo resultado: la desigualdad de género se “imprime” en la pensión.
La importancia de la educación financiera
La educación financiera no resuelve por sí sola la falta de cuidados o la informalidad, pero sí ayuda a identificar a tiempo los “huecos” que más pesan en la pensión: semanas cotizadas acumuladas, continuidad de aportaciones y el salario base con el que se está cotizando.
En la práctica, lo más útil es convertir el tema en una revisión periódica: confirmar si se está cotizando en formalidad, ubicar bajo qué ley se está (73 o 97) y dimensionar qué periodos sin aportaciones podrían requerir más semanas de trabajo o un mayor esfuerzo de ahorro.
Este análisis se escribe desde el enfoque de Trol Financiero: educación previsional para trabajadores mexicanos, con base en lo que observamos al acompañar diagnósticos de pensión y en datos públicos citados en el texto.
Las cifras y porcentajes citados se basan en información pública disponible a la fecha de redacción (principalmente 2025–2026) y pueden variar con nuevas mediciones o cambios regulatorios. Los porcentajes de aportación obligatoria dependen del calendario de incrementos y de la situación laboral de cada persona. Para decisiones importantes, conviene contrastar tu caso con tu historial de cotización y tu estado de cuenta.
